Los desafíos ambientales que Chillán enfrentará como cabecera regional

Actualmente es la Seremi de Medio Ambiente de la Región del Bío Bío la encargada de ejecutar las medidas contempladas en el Plan de Descontaminación (PDA) de Chillán Chillán Viejo. No obstante, cuando Ñuble sea la décimosexta región del país, será Chillán, en su calidad de cabecera regional, desde donde se velará por el cumplimiento del instrumento y de programas como recambio masivo de estufas, aislación térmica de viviendas y consumo de leña. Igualmente, deberá evaluar la dictación de medidas para Bulnes, Quirihue, San Carlos y Coelemu, que también tienen índices altísimos de contaminación, pero carecen de un PDA.
El jefe regional de la cartera, Richard Vargas, aclara que los lineamientos consignados en el PDA local no deben cambiar al momento de definirse la nueva región ya que se trata de una política de tipo nacional. “La creación de la nueva región podría significar una priorización especial de recursos dirigidos a los programas que señala el plan ambiental.

Microbasurales
En Chillán existen solo 300.000 metros cuadrados de áreas verdes. Estas llegan a menos de 2 metros cuadrados por persona, siendo que la OMS aconseja 9 m2. Sin embargo, y esto es lo más negativo, hay cerca de 400 mil m2 de vertederos ilegales, donde la población deposita todo tipo de desperdicios y que se transforman en polos de generación de roedores y vectores dañinos para la salud.
El 80 por ciento corresponde a sitios que están calificados como de “baja peligrosidad”, esto es, que pueden con ciertos manejos ser reincoporados desde el pasivo ambiental a las actividades comunitarias de la sociedad.
La cantidad total de residuos que es depositada por los propios habitantes de Chillán en microbasurales no es menor:más de 5 mil toneladas al año. Se trata por lo demás de una cifra que tiende a mantener estable, pues en la medida en que los desechos son retirados a través de programas municipales, vuelven a aparecer por la desidia de los vecinos.

Matriz energética
Incentivar fuentes energéticas que no contaminen o tengan bajo impacto ambiental será otro de los desafíos de la nueva autoridad asentada en Chillán.
Los combustibles alternativos ya se hacen apremiantes, pero su fomento debe ir acompañado de una efectiva limitación del consumo de leña, como por ejemplo, prohibiendo su uso en zonas urbanas.
Decisiones de este alcance y complejidad le deparan a la nuevas autoridades regionales, que paralelamente deberán desarrollar un inédito trabajo de educación cívica para enfrentar la costumbre de uso de leña, que ya es parte de la cultura de esta zona.
No avanzar en esa dirección le puede costar muy caro a Chillán y a Ñuble, y no solo por el daño a la salud de sus habitantes, sino por el impacto que una matriz tan contaminante produce en la imagen de marca de la futura Región y a su gran potencial para la agricultura y la producción de alimentos saludables.

Esteros olvidados
Los acuíferos que atraviesan la capital regional serán otra fuente de preocupación de las autoridades ambientales. Varios de ellos se han transformado en depósitos de toda suerte de residuos y no es raro que en su márgenes aparezcan microbasurales o que al lecho mismo sean arrojados utensilios y basura de todo tipo. El más emblemático es el Estero Las Toscas.
En el pequeño afluente del río Chillán, que nace muy cerca del camino antiguo a Coihueco y cruza en dirección suroeste por toda la ciudad, se invirtieron más de 500 millones de pesos en la década del 90, pero quedó abandonado a su suerte a principios de este siglo.
A nivel municipal, durante los últimos diez años, no ha habido planificación ni recursos para una intervención mayor, sino más bien una tendencia a ocultarlo bajo la alfombra asfáltica de la ciudad.

Reciclaje
Lograr que Chillán sea una ciudad que recicle, recupere, reutilice sus desechos, genere compost, parece ser una tarea titánica donde se requieren los esfuerzos de entidades que hasta el momento no han exhibido precisamente un compromiso cabal con los postulados de hacer de esta una “comuna verde”.
Sin embargo, la nueva condición de capital regional le exigirá elevar este estándar y para ello debiera contar con más recursos para desarrollar iniciativas de educación e infraestructura y contar con recurso humano calificado para hacerlo.
El año pasado se reciclaron 21,5 toneladas de basura, lo que corresponde a apenas el 0,03% del total que produce anualmente la ciudad y que asciende a 70.538 toneladas.

La amenaza oculta
La contaminación acústica es la más corriente y barata de producir, además de ser un fenómeno que va en aumento en Chillán, de la mano del parque automotor y de una mezcla de otras fuentes, entre las que destaca el bullicio de los locales nocturnos. Estudios recientes realizados por instituciones educacionales y La Discusión concluyen que al menos 7 sectores del cuadrante céntrico tienen niveles de ruido superiores a 80 decibeles, lo que es considerado dañino por normas nacionales e internacionales. La nueva autoridad ambiental de la Región y el gobierno local deberán hacerse cargo de la contaminación acústica, a fin de evitar los daños a largo plazo que produce y que pueden llegar a la pérdida total de la audición.