En 10 años se crearon 3.837 empresas en Ñuble

 

Entre 2005 y 2015 se crearon 3 mil 837 empresas en Ñuble, lo que representa un aumento de 18,3%, un guarismo más bajo que el promedio regional (21,4%) y el nacional (24,4%), lo que guarda relación con el rezago crónico de la provincia, según reveló una investigación del CER Regional en base a las estadísticas del SII.
Y si bien se podría atribuir al centralismo, en opinión del director del CER Regional, Renato Segura Domínguez, esa no necesariamente tiene que ser la causa. “Existen otros factores, que son endógenos, que contribuyen al fenómeno. Por ejemplo, el bajo nivel de incentivo para tomar riesgo (salir de la zona de confort), la baja internacionalización de la pyme; la alta dependencia de los subsidios que aporta el Estado o un inadecuado sistema de ordenamiento territorial, entre otras causas”.
Al ver la evolución 2005-2015 en el número de empresas en Ñuble, se observa un menor dinamismo en 2009, atribuible a la crisis de ese año, lo que se refleja en la pérdida de empleos. En 2014 también se observa una pérdida de empleos, pero no un menor dinamismo en la creación de empresas, una situación que en opinión de Segura responde a un rol más activo del Estado en el fomento al emprendimiento.
“La desaceleración de la actividad económica activó un rol más activo de los organismos públicos para fomentar el microemprendimiento y colocar incentivos en la creación de empresas. Esta acción puede tributar a un mayor número de empresas (RUT), pero no necesariamente a un aumento de la capacidad de generación del empleo”.
En ese sentido, desde el punto de vista de los incentivos, el profesional recordó que “el que genera los empleos es el sector privado. Por lo general, las políticas públicas apuntan a generar las condiciones e incentivos para que los privados inviertan. En este sentido, es vital que Ñuble defina su estrategia de desarrollo para, en conjunto con la política pública, atraer las inversiones que dicho plan requiera”.
Crecen grandes empresas
Contrario a lo que se pudiera pensar, el mayor aumento porcentual se da entre las grandes empresas, que en el periodo analizado se duplicaron (101,5%), pasando de 63 a 127, con lo que el número de trabajadores de este segmento creció un 107%.
Esto se puede atribuir al aumento de tamaño de empresas frutícolas y agroindustriales, así como de aserraderos y empresas madereras en general. “Y la postergación de las inversiones, lo que genera un uso más intensivo del recurso personas. Chile y Ñuble muestran un aumento de la importancia relativa de las grandes empresas, las que han incrementado su importancia relativa en la estructura empresarial de la economía ñublesina”.
De hecho, se puede concluir que si bien las grandes concentran el 26,7% del empleo asalariado en Ñuble, su gran dinamismo en los últimos años las convierten en el motor de la economía de Ñuble.
Por otro lado, las microempresas muestran un crecimiento (11,6%) inferior al promedio, que se ha traducido en un menor número de empleos (caída de 2%). “En mi opinión, esto se debe a la lógica de producir commodities. Cuando la actividad económica se orienta a este tipo de estrategia, la escala de producción se hace relevante. Esto contribuye a fortalecer a la gran empresa”, afirmó Segura.
En esa línea, más allá de hablar de una eventual caída en el emprendimiento, el investigador advierte que “existe una alta tasa de mortalidad de las microempresas y por otro lado, existe una presión importante para su movilidad hacia mayores niveles de facturación (y transformarse en pequeñas, que crecieron un 90,5%)”.
Desbalance territorial
En 2015, el número de empresas en Ñuble llegó a 24.765, de las cuales el 67,5% se concentra en cinco comunas: Chillán (9.969), San Carlos (3.440), Coihueco (1.292), Bulnes (1.076) y Chillán Viejo (946). En el otro extremo, las comunas que presentan el menor número son Trehuaco (159), Cobquecura (159) y Ninhue (180).
En el análisis por comuna, el mayor dinamismo se registró en Chillán Viejo, con un aumento de 81,9% en el decenio, seguida por San Fabián (70%), San Nicolás (38,5%), Pinto (36,6%) y Quillón (30,2%).
En el caso de Chillán Viejo, pareciera que está absorbiendo el desarrollo empresarial de Chillán, por la disponibilidad de espacio y ubicación estratégica a menor costo, mientras la capital provincial exhibe un modesto aumento de 16,5%.
“El caso de Chillán es el típico ejemplo de la ley de rendimientos decreciente. En la medida que las urbes crecen y se complejizan se comienza a cambiar el foco de la actividad económica. El mayor valor de la tierra, las mayores restricciones ambientales, el desbalance entre el aumento de la densidad poblacional y la infraestructura, entre otras razones, genera que la actividad económica migre hacia zonas con mejores condiciones”, sostuvo el profesional.
“Cuando un empresario decide instalarse, analiza una serie de costos: el valor del m2 (en caso de querer construir), el precio del arriendo; los cobros municipales; el nivel de conectividad para agilizar los trámites administrativos y logísticos, etc. Por el desarrollo de Chillán Viejo en materia empresarial, es posible que eso esté ocurriendo”, concluyó el profesional.
Por otro lado, aseguró que “San Fabián ha multiplicado por 6 el ratio de trabajadores por empresa, transformándose en la comuna con el mayor dinamismo empresarial de Ñuble”. En este caso, se puede atribuir al surgimiento de pymes turísticas, así como también podría estar ocurriendo con Pinto y Quillón, “con la diferencia que en lo que respecta a la actividad económica, Pinto muestra un mejor desempeño al observarse un mayor crecimiento en la capacidad de generación de empleo”, acotó.
En los casos de San Carlos, Bulnes y Yungay, que están entre las más grandes en cuanto a número de empresas, pero exhiben variaciones inferiores al promedio, Segura sostuvo que “al parecer, dichas comunas están al límite de la capacidad de crecimiento, evidenciando que durante el período analizado, la matriz productiva no ha variado significativamente. Esto genera un principio de plena utilización de la capacidad instalada y, por lo tanto, una baja capacidad de crecimiento (se nota en el bajo dinamismo en la creación de empleo). Para este tipo de comunas, el cambio en el ritmo de la actividad económica depende de su capacidad de modificar la composición de la matriz productiva y de la capacidad del territorio para atraer nuevas inversiones”.
Por otro lado, las cinco comunas con menor variación en número de empresas fueron Pemuco (3,8%), Coelemu (5%), San Ignacio (5%), Bulnes (9%) y Ninhue (9,7%), de las cuales solo dos pertencen a la Zona de Rezago Valle del Itata. Sin embargo, lo que tienen en común es la alta atomización de la propiedad, vale decir, existe una influencia relevante de la agricultura familiar campesina.
Según el profesional, “el crecimiento del número de empresas está contaminado por las políticas de fomento productivo en las zonas de rezago. Varias de las comunas en zonas de rezago muestran un alto crecimiento en el número de empresas, pero no así en la creación de empleos. El aumento del número de empresas se concentra en microemprendimiento con baja capacidad de creación de empleo. Por ejemplo, San Ignacio y Pemuco muestran una baja creación de empresas, pero el impacto en el empleo ha sido significativo, lo que significa que en dichas comunas exista un mayor nivel de actividad económica”.
Renato Segura concluyó que “existe un fuerte desbalance en el ritmo de la actividad económica. Mientras San Fabián, Trehuaco, San Ignacio y El Carmen revelan una actividad económica emergente, Ránquil, Ñiquén y Cobquecura han retrocedido en forma significativa durante el período analizado. Existe mucha tarea por hacer para balancear la actividad económica en el territorio”.